Comedor

comedor

Esta habitación, una estancia amplia con dos ventanas, acogía la escena diaria de la comida principal de la familia. Una vez que se había puesto la mesa, había que avisar al padre, a Lope, y convencerle de que se apartara de su mesa de trabajo para empezar a comer. Al parecer, era su hijo Carlos Félix el que más fácilmente le convencía de que abandonara la pluma.

“Llamábanme a comer; tal vez decía
que me dejasen, con algún despecho (…)
Pero de flores y de perlas hecho,
Entraba Carlos a llamarme y daba
Luz a mis ojos, brazos a mi pecho.
Tal vez que de la mano me llevaba,
me tiraba del alma y a la mesa
al lado de su madre me sentaba”

Atendiendo a la obra de Lope puede decirse que no fue un hombre especialmente entendido en cuestiones gastronómicas, aunque sí parece que le tentaba el dulce, “que es lo que acá no sabemos”, escribió en una carta, refiriéndose seguramente al escaso talento repostero de su cocinera, Lorenza Sánchez. Además de mesa, silla y alacenas, en este cuarto se muestran hoy algunos bodegones (depósitos del Museo del Prado) y dos candiles tradicionales.