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Agenda Cultural

 

Se llama así porque fue dorado, realmente brilló. En los decenios transcurridos entre la publicación de la Gramática castellana, de Nebrija, en 1492, hasta la muerte de Calderón en 1681, en España aparecieron nuevas estéticas y nacieron géneros literarios. En ese tiempo se produjo tal cantidad de obra artística y de tal influencia en la literatura y el arte universal, que se mereció, sin ninguna duda, pasar a la historia como la época clásica de la cultura española.

De forma indirecta, la expresión ‘Siglo de Oro’ se inspira, por un lado, en una silva de Lope, El Siglo de Oro, incluida en la publicación póstuma de La Vega del Parnaso, y, por otro, en el Discurso de la Edad de Oro, de Cervantes, en El Quijote.

– Al parecer la primera vez que se utilizó la expresión ‘Siglo de Oro’ fue a mediados del siglo XVIII en la publicación Orígenes de la poesía castellana (1754), de Velázquez de Velasco, académico de la Real Academia de la Historia.

– Sin embargo, fue George Ticknor, profesor de Literatura Española en la Universidad de Harvard y autor de la Historia de la Literatura Española, quien, en el siglo XIX e inspirándose en Don Quijote, bautizó el periodo comprendido entre 1492 y 1681 como ‘Siglo de Oro’ de la literatura española, época clásica y fecunda de la cultura española, del Renacimiento del siglo XVI y el Barroco del siglo XVII.

– Silva titulada El Siglo de Oro, de Lope de Vega (última parte)

Viendo, pues la divina verdad santa
la tierra en tal estado;
el rico idolatrado,
el pobre miserable,
a quien ni aun el morir es favorable,
mientras más voces da menos oído,
el sabio aborrecido,
escuchado, y premiado el lisonjero,
vencedor el dinero,
Josef vendido por el propio hermano;
lástima y burla del estado humano,
y entre la confusión de tanto estruendo,
Demócrito riyendo,
Heráclito llorando;
la muerte no temida,
y para el sueño de tan breve vida,
el hombre edificando
ignorando la ley de la partida;
con presuroso vuelo
subiose en hombros de sí misma al cielo.

Discurso de la Edad de Oro (II parte, capítulo XI de El Quijote
Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío”.

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Su madre fue Francisca Fernández Flórez y su padre Félix de Vega Carpio, maestro bordador, ambos procedían de las montañas de Cantabria.

Lope tuvo cuatro hermanos: Francisco, Juliana, Luisa y Juan. El poeta pasó parte de su infancia en casa de su tío, don Miguel de Carpio, Inquisidor de Sevilla.

Los insultos y acusaciones entre escritores eran frecuentes en la época. Eran enfrentamientos agresivos, pero también muy ingeniosos, al fin y al cabo, el veneno salía de la pluma de sus talentos. Unos a otros se dedicaban versos altamente tóxicos, cargados de ironía y de sarcasmo. 


Góngora llamaba borrachos a Quevedo y a Lope, mientras que a él le calificaban de “morisco”… De Quevedo decían que no tenía idea de griego y, además, que era “cegato”. Lope como cura era, para Góngora, una “enfermedad”. Y Cervantes se ganó adjetivos como “colérico, envidioso y mentiroso”. Todo ello circulaba en poemas firmados, en las ediciones de los textos, pero también en otras ocasiones en libelos anónimos. A Lope de Vega el que más le perturbó fue la Spongia.

– La Spongia es un libelo en forma de opúsculo latino, que apareció por Madrid en 1617 y que fue escrito por Pedro Torres Rámila, un maestro de Gramática. El autor, en unas pocas páginas y simulando ser una autoridad extranjera, atacaba fieramente la literatura y la vida privada ‘poco ejemplarizante’ de Lope de Vega.

– Lope y Cervantes se conocieron en 1583 en casa de Jerónimo Velázquez, padre de Elena Osorio. Entonces Cervantes reconocía el talento de Lope en Galatea (libro VI, Canto de Calíope) y Lope alababa a Cervantes en la Arcadia (1598). Parece que lo que desató la indignación de Cervantes fue la portada de El peregrino en su patria (1604), que llevaba un grabado del escudo del apellido Carpio, con diecinueve torres, una estatua de la Envidia, una leyenda en latín y para colmo un retrato de Lope con un soneto laudatorio firmado por Quevedo. Cervantes no pudo con tanta arrogancia y le dedicó un soneto en el que atacaba toda su obra dramática:

"Hermano Lope, bórrame el soné—
de versos de Ariosto y Garcila—,
y la Biblia no tomes en la ma—,
pues nunca de la Biblia dices le—.
También me borrarás La Dragóme—
y un librillo que llaman del Arca—
con todo el Comediqje y Epita—,
y, por ser mora, quemarás la Angé—,
Sabe Dios mi intención con San Isi—;
mas quiéralo dejar por lo devo—.
Bórrame en su lugar El peregri—.
Y en cuatro leguas no me digas co—;
que supuesto que escribes boberi—,
las vendrán a entender cuatro nació—.
Ni acabes de escribir La Jerusa—;
bástale a la cuitada su traba—."

Antes de la aparición del Quijote (cuyo privilegio es del 26 de septiembre de 1604) la obra se conoció probablemente manuscrita en los medios de la Corte, y Lope debió de tener acceso a ella, y leerla. Lope, totalmente descontrolado, escribió: 

"Yo que no sé de los, de li ni le—
ni sé si eres, Cervantes, co ni cu—;
sólo digo que es Lope Apolo y tú
frisón de su carroza y puerco en pie.
Para que no escribieses, orden fue
del Cielo que mancases en Corfú;
hablaste, buey, pero dijiste mu.
¡Oh, mala quijotada que te dé!
¡Honra a Lope, potrilla, o guay de ti!,
que es sol, y si se enoja, lloverá;
y ese tu Don Quijote baladi
de culo en culo por el mundo va
vendiendo especias y azafrán romí
y, al fin, en muladares parará."

– Góngora a Lope:

Dicen que ha hecho Lopico
contra mis versos adversos,
mas si yo vuelvo mi pico
con el pico de mis versos
a ese Lopico lo-pico”.

– Góngora a Quevedo y a Lope:

“Hoy hacen amistad nueva
más por Baco que por Febo
don Francisco de Que-Bebo
don Félix Lope de Beba”.

– Quevedo a Góngora: 

Yo te untaré mis versos con tocino
porque no me los muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino”.

– Góngora a Lope:

Cura que en la vecindad
vive con desenvoltura
¿para qué llamarle cura
si es la misma enfermedad?”.

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El-madrid-de-Lope

Sí. Un mentidero es, según el diccionario de la Real Academia Española, un “sitio o lugar donde se junta la gente ociosa para conversar”. En la calle León, se encontraba el mentidero de los Representantes (también conocido como el de los comediantes). Allí los literatos deliberaban largamente sobre poesía y teatro, pero no solo eso, también era el lugar en el que los comediantes se contrataban en las compañías y donde los enemigos se encontraban para ajustar sus cuentas. El mentidero es el antecedente de los cafés y sus tertulias, especialmente activas en los siglos XIX y XX. Hoy existe una placa: “Este paraje fue en la época de los Austrias Mentidero de los Representantes lugar de reunión de las gentes de teatro”.

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iglesia-san-sebastian

Lope de Vega murió en agosto de 1635. El día 24 se levantó muy temprano, dijo misa, cuidó de su jardín como hacía cada día y se encerró en su estudio, a trabajar. Por la tarde, salió de casa para asistir, en el Seminario de los Escoceses, a unas conclusiones de Medicina y Filosofía, y durante la ceremonia sufrió un desmayo. Un médico amigo le atendió y se ocupó de que le llevaran a su casa, donde se le practicó una sangría. Al día siguiente, en que todavía pudo escribir un poema y un soneto, recibió la visita del médico de cámara de Su Majestad, quien recomendó que le dieran el Santísimo Sacramento.

El domingo, 26 de agosto, hizo testamento (ver documento) nombrando heredera a su hija Feliciana. Se despidió de sus amigos y recibió la extremaunción. Y al día siguiente, a las cinco y cuarto de la tarde, murió. Las honras fúnebres duraron nueve días y sus restos fueron depositados en la Iglesia de San Sebastián.

El duque de Sessa organizó y pagó las honras fúnebres. La venerable congregación de los sacerdotes de Madrid portó el féretro, que, por petición expresa de sor Marcela, pasó frente al Convento de las Trinitarias Descalzas. El cortejo salió de la calle de Francos y giró a la derecha hacia la calle de San Agustín. Desde allí se pueden ver, a menos de 100 pasos, las celosías de las Trinitarias. La procesión siguió calle arriba por Cantarranas hasta la calle León, calle Atocha o calle Huertas, para finalmente salir a la Iglesia de San Sebastián.

Todo Madrid salió a la calle a despedir al autor (“las calles estaban tan pobladas de gente –dice Montalbán– que casi se embarazaba el paso al entierro”). Los restos de Lope de Vega se depositan en la Iglesia de San Sebastián, en la calle de Atocha. A mediados del mismo siglo XVII pasaron a la fosa común, cuando el duque de Sessa dejó de pagar.

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Su madre fue Francisca Fernández Flórez y su padre Félix de Vega Carpio, maestro bordador, ambos procedían de las montañas de Cantabria.

Lope tuvo cuatro hermanos: Francisco, Juliana, Luisa y Juan. El poeta pasó parte de su infancia en casa de su tío, don Miguel de Carpio, Inquisidor de Sevilla.